Communication

Yellow-legged gull populations, expectant about what we do with our waste

Esporles, 22 de marzo de 2021.

Imagina que un día vas al mercado a hacer la compra y lo encuentras cerrado. No ves ningún cartel que explique su clausura ni hasta cuándo estará así. Tampoco las personas que encuentras a tu paso saben qué ocurre. Vuelves al día siguiente y las persianas grises siguen bajadas como los párpados de un ser sin vida. Al día siguiente todo está igual, y al siguiente, y al siguiente.

Pasa una semana y tu mercado sigue sin despertar. Cuando comienzas a pensar en la posibilidad de ir a buscar comida a los contenedores de basura, alguien te dice que hay un mercado abierto, pero está a unos ciento cincuenta kilómetros de tu casa. Debes encontrar alimento para tu familia a toda costa, así que no dudas ni un segundo en coger el coche e ir hacia allí.

Va pasando el tiempo y te das cuenta de que recorrer trescientos kilómetros para conseguir comida se convierte para ti en un acto tan vital y rutinario como respirar. Continúas haciendo ese viaje semana tras semana durante meses hasta que un día, sin previo aviso, te vuelves a encontrar cara a cara con las largas, tristes y premonitorias persianas grises del mercado. Regresas a casa pensando que quizá era festivo, pero cuando vuelves te das cuenta de que el cierre será permanente. Te lo confirman las cenicientas persianas y los confusos rostros de las personas que ves alrededor del edificio. El viaje de vuelta a casa se convierte en un bullir de angustias y miedos que amenazan la supervivencia de tu prole. Así que, cuando llegas, los reúnes y les dices: no tenemos comida, ¿qué hacemos?, ¿nos vamos a vivir a otro lugar o nos buscamos la vida aquí? Ni siquiera tú sabes con certeza qué significa buscaros la vida ahí, pero intuyes que supondrá adentraros en escenarios donde no seréis bienvenidos y donde, por ello, deberéis imponeros de alguna manera y cueste lo que cueste.


 

¿Dónde está mi comida?” le dijo la gaviota patiamarilla al humano.

Todo esto que has imaginado es la realidad que están viviendo algunas especies de aves desde que la Unión Europea, en favor de un desarrollo más sostenible y un mayor control sobre posibles plagas, impusiera a los estados miembros la transformación de sus vertederos. Y es que entre los objetivos de esta transformación está limitar —o hacer desaparecer— los residuos orgánicos que pudieran servir de alimento a aves oportunistas como, por ejemplo, las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis).


 


 

Para esta especie en concreto la imposición de esta medida ha supuesto un enorme impacto tanto para su ecología como para su dinámica, ya que durante las últimas décadas los vertederos con residuos orgánicos accesibles han sido su principal fuente de alimento.

Un estudio del Grupo de Ecología y Demografía Animal del IMEDEA (GEDA – CSIC/UIB) acerca de las poblaciones de gaviota patiamarilla en la colonia de Sa Dragonera demostró, tras la transformación en 2009 del vertedero mallorquín de Son Reus en una planta incineradora, que estas aves disminuyeron el tamaño de las puestas, el volumen promedio de los huevos así como la condición corporal de sus individuos reproductores. Además, tras analizar sus plumas, se descubrió un lento cambio de alimentación, desde una compuesta casi exclusivamente de basura a una de componentes terrestres y marinos. Pero el cambio más significativo que se advirtió fue el descenso de un 30% en el número total de las parejas reproductoras. Volviendo a nuestra fantasía del comienzo, estas, claramente, decidieron mudarse.

Asimismo, el análisis de los viajes de forrajeo de individuos marcados con emisores GSM/GPS evidenció cierta especialización y comportamientos rutinarios entre quienes decidieron no migrar. Dicho de otra manera, pusieron de manifiesto conductas poco frecuentes —considerando que eran gaviotas patiamarillas— antes de la reconversión del vertedero de Son Reus. Por un lado, se observó que algunos comenzaron a buscar alimento en contenedores de basura, parques, etc. de núcleos urbanos y, por otro, que algunos individuos reproductores empezaron a desplazarse al vertedero ibicenco de Ca na Putxa, situado a más de 100 kilómetros de sus nidos. Volviendo a la historia inicial, para ellos, claramente, esto significó “buscarse la vida”.


 

La adaptación del vertedero de Ca na Putxa a la normativa europea.

Para que el vertedero de Ca na Putxa pudiera cumplir con los nuevos estándares marcados por la Unión Europea tuvo que ser transformado en una nueva planta de separación de basura y reciclaje que, en diciembre del año 2020, quedó oficialmente inaugurada.

La creación de esta nueva planta significó una gran oportunidad para el Grupo de Ecología y Demografía Animal del IMEDEA, de cara a poder seguir estudiando las poblaciones de gaviota patiamarilla, así como para ser capaces de anticipar y gestionar de manera eficaz posibles conflictos —sociales, económicos, sanitarios...—, antes y después de la transformación de un vertedero.

En este estudio que actualmente se está elaborando se está poniendo atención en las parejas reproductoras —y sus nidos— de las colonias del Illot de Penjats y la Illa des Bosc, las cuales se censaron en los últimos años y volverán a serlo durante 2021.

Durante el proceso se recopilarán datos a través de diversos métodos que luego serán analizados para estudiar cambios demográficos y alimenticios, comportamientos de forrajeo e incluso la presencia de patógenos que pudieran llegar a tener implicaciones en la salud pública.

Como ocurrió en Mallorca tras la transformación de Son Reus, es probable que la apertura de la nueva planta de Ca na Putxa promueva, además de la migración de individuos de gaviotas patiamarillas a otras zonas, un cambio de estrategia de alimentación entre quienes decidan permanecer en Ibiza. Esto puede hacer que se incremente su presencia en escuelas, parques u otras zonas humanizadas con cierta disponibilidad de alimento, lo cual podría derivar en un mayor número de interacciones con el ser humano.

Para poder conocer y evaluar la percepción de la gaviota patiamarilla por parte de la población ibicenca y ayudar a mitigar posibles conflictos, el Grupo de Ecología y Demografía Animal del IMEDEA ha creado un sencillo formulario que cualquier persona residente en Ibiza puede contestar —¡por favor, hacedlo!—a través de este enlace.

El equipo de investigación está formado por Ana Sanz Aguilar, Giacomo Tavecchia del Grupo de Ecología y Demografía Animal del IMEDEA (GEDA – CSIC/UIB); José Manuel Igual de la Unidad de Servicios científico-técnicos del IMEDEA; Miguel Ángel Miranda, Claudia Paredes Esquivel y Carlos Barceló de la UIB; y Ana Payo Payo de la Universidad de Aberdeen. Y cuenta con la financiación de la empresa UTE-GIREF y la colaboración de los agentes de Medio Ambiente Esteban Cardona y Oliver Martínez, el Consell d’Eivissa, el Servei de Protecció d’Espècies, las Reserves Naturals d’Hort y las Reserves Naturals des Vedrá, es Vedranell i els Illots de Ponent.